MI JUVENTUD

Me considero una persona polifacética, aunque no siempre he sido así. Cuando era niño solo me interesaba el deporte, concretamente el atletismo. A los once años empecé a competir en carreras de mediofondo y no lo hacía mal. Cuando cumplí quince conseguí el récord provincial de Castellón en los 3.000 metros lisos con una marca de 8’55”, aquel año fue la decimotercera mejor marca de España. Lo mejor es que realizaba entrenamientos muy suaves, de modo que tenía un amplio margen de mejora; sin embargo, el destino fue caprichoso conmigo, pues una desafortunada lesión crónica me dejó fuera de aquel bello mundo.

Fueron momentos muy duros para mí, dado que todos mis sueños iban enfocados hacia el deporte de alta competición. ¿Qué podía hacer si no me gustaba nada más? Al menos tendría que buscar un nexo de unión, por ello me diplomé en Magisterio de Educación Física y al acabar la carrera sería cuando empezaría a descubrir muchos dones que tenía y que desconocía por completo.

Ese mismo verano me fui a Inglaterra, con el fin de estudiar inglés durante un par de meses; sin embargo, los dos meses acabarían convirtiéndose en un año muy intenso. ¡Descubrí que me apasionaban los idiomas! Por las mañanas estudiaba un A level en Educación Física y el GCSE English —un título que me reconocía los conocimientos de inglés suficientes para poder optar a cualquier tipo de trabajo en Inglaterra—y por las tardes trabajaba en un centro de deportes como socorrista, además de impartir clases de natación, atletismo y gimnasia rítmica.

Al poco de regresar, gracias a los conocimientos adquiridos y al trabajo realizado, aprobé las oposiciones como maestro y a partir de ahí hubo otro punto de inflexión en mi vida.

De buen nacido es ser agradecido, así que me fui ese verano a Nicaragua como misionero. ¡Qué experiencia más bonita! Me encontraba a gusto ayudando y despertando sonrisas, sobre todo a esos niños huérfanos que carecían del afecto de unos padres que, por circunstancias de la vida, abandonaron a esos seres indefensos con rostro angelical: ¡nunca los olvidaré!

Cuando regresé, algo había cambiado en mí. Necesitaba darme a los demás, por ello me hice voluntario en el Hospital Provincial. Allí visitaba a los enfermos para darles un poco de aliento, principalmente a quienes no tenían a nadie, y daba una horita de gimnasia a los internos de psiquiatría.

MI VIDA LITERARIA

De Nicaragua brotó una semilla que estaba en mí, pero que desconocía por completo: ¡la vena literaria! Pronto empecé a sentir un fuerte deseo de escribir una novela con el fin de poder ayudar a aquellos lectores que lo necesitasen. Además, lo haría con un estilo propio, diferente, buscando entretener y, a su vez, dejar un poso en el lector, pues a mí me encantaban esos libros que no quieres parar de leer y de los que, además, puedes nutrirte. Así nacería “La Ciudad Milagrosa”.

¡Había sido capaz de escribir una novela! ¿Os podéis imaginar la emoción? Recuerdo que me sentía el rey del mundo. ¡Qué ingenuo!, pienso ahora. Pero si eres padre seguro recuerdas el nacimiento de tu primer hijo, ¿verdad? ¡Es maravilloso! Pues un hijo literario también es un sentimiento muy fuerte, más cuando invertí dos años y medio para escribirla.

El caso es que escribí a varias editoriales ofreciéndole la novela y, para mi sorpresa, ¡nadie me hizo caso! Incluso fui a una pequeña editorial de Castellón y me dijo que a mí no me conocía nadie y que, lógicamente, no se iban a arriesgar conmigo. Recuerdo que le pregunté: «Pero ¿cuántas novelas necesitan vender para amortizar la inversión?». Con rostro dubitativo repuso el editor: «Unas doscientas». Sonreí y le dije: «Ah, pues yo esas me comprometo a venderlas». ¡No me creyeron! Me mandaron a freír espárragos, sin ningún tipo de miramientos...

Me sentí decepcionado y, la verdad, un poco humillado. Pero como decía un gran amigo mío: «Para ser humilde hay que seguir un camino de humillaciones». Y yo creo que me vino muy bien una cura de humildad, dado que el orgullo no es más que una máscara que nos ponemos para ocultar nuestras debilidades, propias de una baja autoestima.

Dejé abandonada la novela en un cajón, claro. ¡Qué remedio! Y seguí descubriéndome.

Me aventuré a estudiar francés en la Escuela Oficial de Idiomas: ¡me encantaba! De modo que cuando obtuve el nivel suficiente hice la prueba de acceso al segundo ciclo y entré en Traducción e Interpretación de Idiomas. Disfruté la carrera, con jornadas maratonianas porque trabajaba en el colegio a jornada completa y, además, asistía a las clases de Traducción y la EOI. En todo el día paraba veinte minutos para comer.

Tras finalizar la carrera seguí estudiando idiomas: italiano; además empecé de una forma muy original: ¡en el Camino de Santiago! Allí conocí un grupo de italianos muy majos. Algunos eran mayores y otros eran obreros, sin estudios. Sentí la necesidad de esforzarme para aprender su lengua y así poder comunicarme con ellos. Y es que la motivación lo hace todo, pues te empuja a dar el primer paso para afrontar cualquier actividad.

Cuando uno aprende idiomas es importante ponerlos en práctica, por ello me gustaba viajar y conocer a gente de diferentes nacionalidades, así como sus culturas. Me gustaba ir a Taizé —en Francia—, y como graciosa anécdota recuerdo estar hablando en una mesa con un inglés, un francés y un italiano, permitiéndome el capricho de hablar a cada uno en su lengua nativa. ¡Fue divertidísimo!

Allí conocería a un buen amigo francés, que dominaba el español, y un día me dijo: «¿Tú no habías escrito una novela? ¡Envíamela!».

Le envié la novela y para mi sorpresa, a los dos días, me llama emocionado: «Acabo de leerme tu libro: ¡es buenísimo! Y me ha ayudado mucho...».

Me animó a autopublicarla. Eso hice. Imprimí 250 ejemplares, unos poquitos más de los que se suponía no podría vender según aquel editor. Se vendieron todos e incluso pude hacer una segunda y humilde edición.

Al recibir buenas críticas, me animé a seguir escribiendo y lo hice publicando “Moviola de tres vidas truncadas”, en esta ocasión ya con editorial. La novela recibió muy buena aceptación, incluso en los institutos, dado que es una novela con un fuerte carácter preventivo de cara a las drogas. Tal es así que en el IES l’Arabi de Alfas del Pi donde la siguen trabajando, me contó el profesor que uno de esos alumnos que regresó a saludar a los profesores cuando ya estaba en la Universidad, al preguntarle: «¿Qué es aquello que te marcó o recuerdas con más entusiasmo de tu época de estudiante en el instituto?». Repuso: «Me impactó aquel libro que trabajamos en clase y que luego recibimos la visita del autor: “Moviola de tres vidas truncadas”». A partir de ahí la editorial apostó por todo lo que escribía, aunque era una editorial muy humilde y con una distribución muy flojita.

Firma en El Corte Inglés de Castellón

Otra de mis pasiones es la psicología, así que me animé a estudiar un Máster en Intervención y Mediación Familiar. ¡Me encanta la psicología y el desarrollo personal! Creo que el ser humano está llamado a adquirir la mayor autorrealización posible, no hacerlo es perder intensidad en la vida.

Si la psicología es pasión, la espiritualidad la supera. Ni corto ni perezoso sentí que tenía que hacer los ejercicios espirituales de San Ignacio, así que durante un mes me fui a Loyola donde permanecería en silencio y realizando las contemplaciones pertinentes. Fue, sin duda alguna, una de las experiencias más bonitas que jamás he tenido. De hecho, fue tan impactante que de ahí nacería “El psicólogo de Nazaret”, mi novela predilecta, aquella que mejores críticas he recibido, tan sorprendentes como espectaculares. ¡Jamás he leído de un libro opiniones tan profundas, tan positivas! Me han enviado opiniones tan bellas que me han hecho incluso llorar. Personas que estaban completamente hundidas, con el firme propósito de suicidarse, pero tras leer la novela cambiaron de opinión. Y me escribían con un sentimiento de agradecimiento infinito. O personas que me decían: «Gracias a tu libro he visto los colores de la vida». Y así decenas y decenas de opiniones que podéis leer AQUÍ, aunque muchas ni siquiera están puestas porque eran tan profundas que solo podían quedarse en la privacidad de mi corazón y del lector, lo cual siempre se ha de respetar.

Fruto de las buenas críticas comenzaron a escribirme cientos de personas de todos los países de América solicitándome la novela. Confieso que sentí mucha impotencia al no poder hacer nada, porque la novela solo estaba publicada en España; no obstante había gente que se buscaba la vida para conseguirla y cuando algún familiar o ellos mismos viajaban a España se venían con ese regalo.

Sería en este punto cuando cambiaría de editorial y me iría con la editorial Didacbook, quien le dio un buen empujón a la novela, a pesar de ser, quizás, la editorial más humilde de España, pero la más honesta.

A continuación escribiría una novela romántica-suspense: “El lunes a las diez”. Una novela, según los lectores, sorprendente y cuyas críticas no se quedan cortas en relación con “El psicólogo de Nazaret”. De hecho, una gran lectora me dijo que era su libro favorito, el mejor que había leído en su vida.

Me di cuenta que me envolvía bien dentro del mundo del suspense y la romántica, por ello escribí “Ya no hay vuelta atrás” publicada por la editorial Paulinas. Las críticas también son muy positivas y, en este caso, la gente queda impactada.

La última novela que escribí sería “Las huellas ocultas de Dios”. Una novela que nacería en Israel, siguiendo las huellas de Jesús de Nazaret y con un trabajo de investigación brutal. Tal es así que es la que más trabajo me ha costado escribir y, a diferencia del resto de mis novelas, es para un público específico: para personas con sed de Dios.

Solamente he escrito un ensayo: “Viaje al centro de tu ser”, disponible únicamente en esta web.

NOVELAS INFANTILES

Otra de mis pasiones ha sido escribir novelas infantiles, todas ellas recomendadas por padres y maestros. La más exitosa ha sido “El poder de Joel”, que se ha trabajado tanto en colegios como en institutos. Destacaría el hecho de que la ciudad de Villarreal la elegiría para trabajarla en el IX Concurso de Convivencia en las aulas, organizado por la policía local y el profesorado, por los buenos valores que presenta. Así, todos los alumnos de 1º de ESO de la ciudad la leyeron y la trabajaron, recibiendo grandes críticas.

La serie de “Pelopincho y la puerta mágica” y “Pelopincho y el partido de las estrellas” han sido dos novelas excelentemente valoradas por los niños. Tal es así que es la primera novela infantil que tiene coreografía propia y, como dato curioso, destacaría que es una novela que apasiona a todas las franjas de edades: desde primero de Primaria hasta primero de la ESO, incluso a adultos. En primero de la ESO llegaron a jugar a Pasapalabra realizando preguntas acerca del contenido de la novela: ¡realmente divertido!

Y para los jóvenes lectores –primer ciclo de primaria-, destacan “Daniel, un príncipe especial” y “Santiago y el mago misterioso”. Dos novelas envueltas de diversión y con excelentes valores.

Finalmente, la última novela infantil que escribí fue “Un detective chachi piruli”.

Mis novelas infantiles presentan una peculiaridad y es que permiten a los padres participar, de modo que se convierten en los mejores animadores lectores a través de “El juego de las tres preguntas”. Una niña me llegó a decir: «Gracias a ese juego he podido pasar más tiempo con mi padre, pues al ser camionero siempre está fuera».

ACTUALIDAD

Actualmente estoy trabajando en el lugar donde quedan presos los sueños, es decir, en la cárcel. Allí estoy teniendo una experiencia realmente enriquecedora y me he volcado en un proyecto pionero en las prisiones españolas, dado que, entre otras cosas, les estoy dando un curso de Desarrollo personal a través de la escritura y estamos creando una novela que en breve verá la luz y que estoy convencido de que será todo un éxito porque es “brutal”. Además, donaremos íntegramente todos los derechos de autor para fines solidarios.

En cuanto a la literatura, recupero todos los derechos de mis obras -excepto "Ya no hay vuelta atrás"-. Apuesto por la autopublicación, por mí mismo. ¿Quién mejor que el autor para dar a conocer sus propias obras? Motivo por el cual nace esta web, para dar un servicio directo al lector.

¡Gracias por acompañarme en esta aventura, por todas las opiniones que me hacéis llegar, por todo vuestro cariño y apoyo! Gracias a la literatura he hecho grandes amigos y espero seguir haciéndolos.

Para concluir, os comparto mi lema: "Lucha por tus sueños, aunque otros no crean en ti" o, en otras palabras: "No te vayas a la tumba con tus sueños". Los conseguiremos o no los conseguiremos, pero qué duda cabe que tenemos que luchar por ellos.

¡Sed bienvenidos a este pequeño espacio literario donde los sueños pueden hacerse realidad!